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Un México con sed y hambre de justicia

El deseo de un mejor presente, con la esperanza de un buen futuro.

Por:   |   31 agosto 2011


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“Yo veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada, de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla […], Veo a ciudadanos angustiados por la falta de seguridad, ciudadanos que merecen mejores servicios y gobiernos que les cumplan. Ciudadanos que aún no tienen fincada en el futuro la derrota; son ciudadanos que tienen esperanza y que están dispuestos a sumar su esfuerzo para alcanzar el progreso”

Lo anterior, es un pequeño fragmento del discurso que dio el 6 de marzo de 1994, en el Monumento a la Revolución, Luis Donaldo Colosio, candidato a la presidencia de México; días después, para ser más exacto, el 23 de marzo de ese mismo año, fue asesinado en Tijuana, Baja California; el magnicidio fue resuelto, según las autoridades, aunque quedaron, -y seguramente quedarán-, más dudas que certezas. Han pasado, poco más de diecisiete años, de las palabras dichas por el candidato Colosio, y no solo, no se ha saciado esa sed y hambre de justicia, sino que ha aumentado, uniéndose a ella, el reclamo de vivir en un país seguro.

Reflexionando un poco, nos daremos cuenta, que en México están pasando cosas, que en otro tiempo estaban reservadas para la sección Internacional de los noticieros: El secuestro de un autobús, en Filipinas; el estallido de un coche bomba, a causa de un fundamentalista islámico en Medio Oriente; el ataque a un teatro en Rusia por parte de terroristas chechenos, exigiendo la salida del ejército ruso de su país; balaceras y disturbios en estadios de fútbol, en Argentina; miles de muertos a causa del narcotráfico, en Colombia.

Pero lo más lamentable y dramático, es que todo eso que veíamos pasar en otros países, ahora lo tenemos aquí, en el nuestro, pero todo al mismo tiempo; secuestro de autobuses en Tamaulipas, estallido de coche bomba en Ciudad Juárez; ataque a un casino en Monterrey; balacera afuera del estadio de Torreón, muertos por el tráfico de drogas, en todo el país.

¿Pero cómo llegamos a esto?, creo que casi cualquier cosa que digamos, aplica muy bien como respuesta, y algunas de ellas, desde mi punto de vista, son la enorme corrupción e incapacidad que ha existido desde siempre entre las autoridades, en todos los niveles y de cualquier partido político. No podemos confiar en que realmente les preocupa el bienestar de la sociedad, cuando vemos que al final de cada periodo de gobierno, familiares, amigos, colaboradores y gente cercana a presidentes, gobernadores, delegados, etc., se convierten en “nuevos ricos”, y junto con ellos, se va parte de nuestro dinero al extranjero,  se olvidan de México y nos dejan los problemas corregidos y aumentados, a quienes vivimos aquí; o algunos otros, se quedan en nuestro país, viviendo de sus “ganancias”, y con elementos de seguridad, para ellos y sus familias, que por si fuera poco, con nuestros impuestos, les pagamos, en resumen, la inseguridad para ellos no existe.

Y el ciclo se repite, con la llegada de nuevos gobernantes; no importa el nombre, no importa el partido político; llegan con promesas, pierden la vergüenza -si es que alguna vez la tuvieron-, sólo ven por sus intereses y al final se van con los bolsillos llenos, y llegarán otros para ver que les dejaron.  Por supuesto, que nosotros como sociedad, también tenemos nuestro porcentaje de responsabilidad, con la “mordida” al policía, con la compra de piratería, con la violencia intrafamiliar, con la indiferencia hacia el dolor de los demás; entre muchas otras situaciones, que multiplicadas por millones de habitantes, resulta en una gran contribución a la descomposición social en la que ahora vivimos.

Pero más allá de la repartición de culpas,  hay preguntas de las que aún no encontramos respuesta: ¿Cómo saldremos de esta inseguridad?, ¿Qué se le dice a un niño que perdió a sus padres a causa de la violencia?, ¿Cuál es el futuro –si es que lo hay- para esos mismos huérfanos?, ¿De qué manera se consuela a unos padres que perdieron a sus hijos?, ¿Cómo se le ayuda a quien le han robado su patrimonio?, ¿Cómo le hacemos para vivir una vida parecida al juego de la ruleta rusa, en donde no sabemos, cuando podemos ser alcanzados por la violencia?

Aunque también es cierto, que una forma de demostrar que aún no perdemos la batalla, es no ser dominados por el miedo, seguir haciendo que nuestro país funcione, que continúe caminando, no permitir que se adueñen de nuestra vida y de nuestros espacios, salir a trabajar todos los días, estudiar pensando en que todavía hay futuro, no perder la capacidad de asombro, no acostumbrarnos a la crueldad, no dejar que la indiferencia nos invada, y actuar en función de lo que la conciencia de cada uno considere correcto.

No abandonemos la esperanza de ver algún día a nuestro México libre de la delincuencia que hoy lo tiene secuestrado, haciendo lo que nos corresponda, y esperando también, que llegué el momento en que sean “Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados”, y “Bienaventurados los que tienen sed y hambre de justicia, porque ellos serán saciados”, tal y como lo dice la Biblia, uno de los libros más leídos de la historia.  Y que así sea. .:m:.

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Comentarios
sep 1, 2011
#1 Cris :

Es importante conservar la esperanza y actuar desde donde nos toca hacerlo, muchas gracias por esta reflexión.

sep 8, 2011
#2 Tonatiuh :

Gracias Cris por tu comentario, muy cierto lo que dices, si perdemos la esperanza, habremos perdido una buena parte de la batalla. Saludos!!

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