
Para “Lala” con todo mi amor.
Yo a tu edad ya era padre de familia, tenia un ingreso lo suficientemente bueno como para cubrir todas nuestras necesidades y por si fuera poco mi desempeño en el trabajo era envidiable por ser un elemento altamente competitivo… ¡y no como tú ahí nada más!, perdiendo el tiempo, soñando despierto, sin obligaciones y frente a la computadora todo el tiempo.
Voy a pedirles un favor, si existe alguien en un rango de edad entre los 20 a 29 que no haya escuchado dicha oración alguna vez, por sus padres o personas mayores…compren un billete de lotería ya que es muy posible que ganen el “premio mayor”.
Ahora voy a pedirle al resto que también compren un billete de lotería y que no dejen de soñar y de trabajar muy duro por alcanzar sus sueños, por que esto es lo único que puede curar la desesperación, la tristeza, la decepción, y la incertidumbre que trae consigo el “síndrome de los veintitantos”.
Como sacado del mismísimo libro del Apocalipsis, el “síndrome de los veintitantos” o también conocido como la “crisis del cuarto de vida” podría ser una de las plagas que moisés desato sobre Egipto. Ya que la inseguridad y preocupación que estalla en la población mundial de jóvenes adultos de 20 a 29 años, es tan grande que ya se considera hoy en día como una de las tres causas más importantes de suicidio en el mundo entero.
Las personas que se encuentran en los “veintitantos” comienzan a sentir inseguridad de todo, preocupación sobre su sentido de pertenencia y auto realización, decepción al no concretar sus objetivos a mediano y largo plazo. Es común preguntar qué hacer, hacia dónde ir, y sobre todo si se están haciendo bien las cosas. La vida social desciende hasta casi desaparecer o cambia tu entorno social por distintas razones: trabajo, estudios, pareja, etc. Un dato curioso es que al ser ya mayor de edad, las libertades ya no son tan divertidas como en la adolescencia y se valora más la calidad y no la cantidad. Un trago con un amigo ya no es en un lugar estruendos e hilarante, más bien se busca el intercambio de información para encontrar respuestas en un lugar más adecuado dicho interés.
Las multitudes son ya desagradables y emana repentinamente una nostalgia por la comodidad y confort de la escuela, los grupos de clase, interactuar con las mismas personas la protección de los padres o tutores etc. También las personas de los “veintitantos” comienzan una búsqueda por lo “autentico”, las amistades habituales se terminan, y se busca rescatar aquellas que se tuvieron en edades y entornos más inocentes.
Una extra emotividad ligada a la “madures del carácter” aparece, se ríe con más energía, se disfrutan los momentos felices, el dolor y la tristeza casi ya no son visibles en el rostro, ya casi no se llora… siempre es a solas y en privado. También inicia la verdadera empresa en la búsqueda del amor y de pronto se valora de una forma más objetiva toda manifestación de cariño o afecto. Esta búsqueda estalla en miles de preguntas ya que en los “veintitantos” las personas empiezan a separarse del vínculo familiar para buscar su propio vinculo sentimental con una pareja… es cuando nace el sentirse solo y vació, pero no lo suficiente como para buscar un compromiso de por vida, por temor a cometer un grave error ya que se carece de las respuestas necesarias a tantas preguntas por falta de experiencia.
El dinero se convierte en una prioridad, los proyectos para “hacerse ricos” son en ocasiones la médula espinal de cualquier conversación casual, el salir de farra más de tres veces a la semana o sólo trasnocharse por razones de trabajo resulta muy agotador. El deseo sexual disminuye y la condición física de igual forma disminuye.
Los aspectos laborales son mas tenebrosos que una novela de “Clive Barker” ya que las personas dentro de los “veintitantos” se percatan que no están ni cerca de lo que soñaron o se imaginaron lograr al terminar la escuela, el ingreso es una prioridad y el optimizar recursos lo es más. La depresión se convierte en algo cotidiano, como la “silla u otro mueble sepultada de ropa” que está en tu recamara pero no te sientes con ganas de recoger.
Y esto se debe a que las exigencias de nuestras sociedad para integrar cada vez más personas capacitadas a un sistemas laboral, abrió una brecha generacional que se hace más grande día con día, la estandarización de carreras profesionales a nivel mundial, desato este fenómeno, aunado a la explosión demográfica mundial y a una economía inestable, es por esto que aun no existe mucha información e investigación sobre este síndrome. En México es muy común padecer del “síndrome de los veintitantos” ya que hace sólo 30 años el tiempo contemplado en una formación académica estándar es de 17 a 20 años de estudio, cuando antes de los 70’s era de 12 años.
Es por eso que nuestros padres o tutores, a los “veintitantos”, ya eran padres de familia, con trabajos respetables, e ingresos mayores, imaginen un país en donde sólo hay 45 millones de habitantes y una tasa de inflación del 4%, imaginen solicitar trabajo y competir con sólo cinco personas para una vacante y no competir contra cien personas como sucede hoy en día. Cien personas igualmente preparadas, casi con los mismos perfiles como “clones casi perfectos”… ¿verdad que da miedo?
Pero no es fantasía, sólo en la ciudad de México hay 17.5 millones de habitantes según las ultimas cifras entregadas del INEGI y la CONAPO así que las posibilidades que esto pase a diario son más que reales. Es por esto que a pesar que las nuevas generaciones poseen un conocimiento 10 veces mayor que nuestros padres y abuelos, es muy difícil encontrar empleo y sobre todo obtener un ingreso ya no proporcionalmente ligado a las aptitudes que se posen… hoy en día la prioridad se limita a en contra un ingreso y punto.
México en el año 2008 tiene 109.5 millones de habitantes y se estima una migración a otros países de 557 mil personotas anualmente, esto quiere decir que la demanda de empleo sobre paso la demanda de personal por parte de las empresas. La búsqueda de oportunidades que incrementen las posibilidades de una mejor calidad de vida, se da en la tecnología, capacitación, especialización, preparación y migración. Y las posibilidades de éxito son mayores en jóvenes solteros sin hijos. Expertos economistas estiman que entre el año 2008 al 2030, se encontrara un punto de equilibrio en el que se podrá cambiar la situación económica de país. Ya que según el crecimiento poblacional, intelectual y tecnológico se presentaran las condiciones optimas para mejorar la calidad de vida… o colapsar a la nación.
En definitiva es de suma importancia percatarse de la seriedad que amerita dicho síndrome, ya que no sólo es “la edad de la punzada” es un proceso delicado en el que las personas de “veintitantos” determinan su trayectoria laboral, concretan su vida personal en el matrimonio, los hijos o la vida en pareja. De igual forma en este proceso de búsqueda, se presenta como un factor común el consumo de drogas, la perdida de valores y el descubrimiento y adquisición de otros. Podríamos asumir que esta etapa es la fase final en la formación y definición de nuestro carácter y preferencias.
Hay que considerar que este “síndrome” no es más que un peldaño en la escalera a la madurez y finalmente nuestro estilo de vida o entorno marcaran el ritmo y velocidad con la que busquemos la madures individual. Santiago Ferre propone como cura efectiva el realizar un “plan de vida” o “bitácora de vivencias” ya que esto será de mucha ayuda al detectar los aspectos que se desea convertir en logros, objetivos y metas. No se permitan dejar de soñar, de imaginar, de diseñar, de luchar, de investigar, o de construir. Tampoco se permitan tirar la toalla por que siempre tendremos que caminar contra las inclemencias del tiempo, así que escojan con mucho cuidado el camino de su vida y sobre todo nunca se permitan dejar de retarse, ya que no hay mayor placer en esta vida, que vencer al único adversario que vale la pena… uno mismo. Así que no olviden que es muy bueno el “preocuparse”, pero la diferencia la hace el “ocuparse”.
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